miércoles, 6 de mayo de 2026

Bolonia 2026: entre la frustración y la estrategia

Junto a mi editora Carme Ripoll, durante un descanso en el stand de Catalunya

Si me preguntan cómo me ha ido la Feria de Bolonia este año, todavía no sabría muy bien qué decir.

Cada año es diferente. Es como volver al mismo lugar de vacaciones: un año es mágico y al siguiente… no tanto. Y no siempre sabes por qué.

El año pasado, por ejemplo, conseguí más citas, aun habiendo enviado los emails con poco margen. Este año, haciendo el mismo trabajo —o más—, la respuesta ha sido menor. Y eso frustra. Porque detrás hay muchas horas invisibles: armar el excel contrastando el directorio de la Feria (que por cierto, tardaron en actualizar), preparar el portfolio, terminar maquetas, enviar correos, hacer seguimiento

Y, aunque cada experiencia es personal, creo que este año había un factor que lo atravesaba todo: se notaba la crisis.

Las editoriales estaban menos receptivas. Muchas iban claramente a vender derechos, no a comprar proyectos. Y eso, para autoras e ilustradoras, cierra muchas puertas. También había menos gente, menos público, menos stands (México, ¿dónde estabas?). En conjunto, la sensación era de una feria más contenida, más prudente.

En el contexto económico global actual —con la inflación todavía presente en muchos países, ajustes en el sector editorial y una apuesta creciente por asegurar catálogo antes que arriesgar con nuevas voces—, tiene sentido que el mercado se vuelva más conservador. Se priorizan valores seguros, continuidades, nombres conocidos o proyectos muy cerrados. Y eso hace que el espacio para el descubrimiento sea más estrecho.

Antes de entrar a la feria con mis compañeras Cristina, Sara y Júlia

A nivel personal, también ha sido una feria intensa. Fui a saco. No solo a mis citas programadas: si veía o me enteraba de alguna oportunidad para una revisión de portfolio, me ponía en la cola (y más después del fiasco en los juegos del hambre: las entradas a los eventos profesionales se agotaron en cuestión de segundos). Filas, esperas, improvisación… esa sensación de FOMO, de no querer perderte nada.

Pero eso también tiene un coste.

No pude ver casi ninguna exposición de la Feria ni de la ciudad. Y me da pena, porque también forman parte del alimento creativo
Menos mal que pude escaparme a ver la exposición Los 400 bocetos basado en el libro François Truffaut, el niño que amaba el cine ilustrado por Victoria Semykina, en el Palazzo Rossi Poggi Marsili.
Admirando la productividad analógica de Victoria Semykina

También me noté oxidada con el inglés. Este año, por primera vez, pude apuntarme a un par de workshops, y me costó seguirlos. Otro recordatorio de que, si queremos jugar en este terreno internacional, la preparación también pasa por ahí.
Dibujando la inspiración con Lauren Sharples en el workshop organizado por Ketebe Publishing

Y entonces llega la gran pregunta: ¿volver o no?

Me gustaría volver, sí. Pero en otro formato. No tanto desde la urgencia de "buscar oportunidades", sino desde un lugar más sólido: invitada, quizá gracias a una subvención de movilidad, con un proyecto ya en marcha —el contrato de Cigronet ya está firmado para su publicación en Italia—, con más calma y mejor preparada.
Stand de Tomolo Edigio con mi Cigronet

También con una mirada más estratégica sobre dónde poner la energía. Quizá no tanto enfocada en los grandes mercados tradicionales como Francia, que actualmente también están notando la presión económica y donde cuesta más entrar si no tienes ya una trayectoria consolidada

En cambio, me planteo abrir el foco hacia otros territorios: algunos más complejos pero con mucho potencial, y otros más pequeños pero especialmente receptivos. Explorar, entender cómo funcionan y encontrar la manera de acceder (quizás con agencia).

Y llevar proyectos cerrados. Sin esperar nada concreto.

Porque, al final, nunca sabes de dónde pueden surgir las oportunidades. Y muchas veces, las más interesantes no pasan dentro de la feria, sino fuera, encuentros que a la larga son más interesantes aunque menos directos y más lentos.

Quizá la clave sea esa: ir menos "a la caza" y más abierta a que pasen cosas.
Y disfrutar más

¿Y a ti? ¿Cómo te ha ido la Feria este año?


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