miércoles, 18 de enero de 2017

Rebeca Luciani, la maestra del color


Conocí personalmente a Rebeca Luciani en segundo curso de ilustración de l'Escola de la Dona, a pesar de haberla visto antes en el ciclo de conferencias Il·lustrats de l'Escola Llotja.

Si todavía no sabes de quién hablo, a pesar de haberla nombrado más de una vez en mi blog, sirva esta breve biografía:

Rebeca Luciani nació en 1976 en la ciudad de La Plata, Argentina. Allí estudió dibujo y pintura en la facultad de Bellas Artes de la U.N.L.P.
En el año 2000 se vino a Barcelona y empezó a trabajar como ilustradora.
Ha publicado más de una veintena de libros para niños y también colabora en prensa.
Como docente, ha realizado diversos cursos de formación artística y talleres de ilustración.
Su obra ha sido reconocida con varios premios, algunos realmente importantes como el White Ravens International.



En una entrevista Rebeca comentaba que, cuando llegó a Barcelona, se miró todos los libros de ilustración infantil. Al ver que tenían relación con su formación, Bellas Artes, y experiencia, maestra de manualidades para niños, descubrió su vocación: ser ilustradora.

Yo descubrí mi vocación cuando la tuve de profesora a finales de 2009.
Siete años después, a raíz de la Masterclass de color que impartió el sábado pasado en el estudio Calipso, ha vuelto a recordármela.

Rebeca no sólo desplegó una gran cantidad de originales, procedentes de trabajos publicados desde 2003 hasta la actualidad, sino una entrega amplia y generosa de sus materiales, técnicas y metodología. Conocimientos que no salen en los libros y que son fruto de la observación, la experimentación, el trabajo constante y la disciplina. 
Con el grupo de tarde, mostrando el proceso que sigue a la hora de trabajar en un álbum
Siempre ha sido de técnica tradicional aunque a la hora de digitalizar sus trabajos para entregarlos al editor, realiza algunos ajustes de contraste, brillo,... incluso hace "frankensteins" (fotomontajes) tanto manuales como de ordenador. 

Trabajaba habitualmente sobre cartón gris y con acrílicos hasta que un buen día, su buena amiga la Mari(ona Cabassa) le enseñó las ventajas del papel Basic de 370 gr (importante: ni un gramo más ni uno menos).

En este acrílico de 2005 sobre cartón reconoce la influencia de los pintores franceses en el uso de colores desaturados.
Lo malo del cartón gris, se lamenta, es que "partes de un color neutro que 'pesa' y te priva de sacar colores brillantes. Además, el cartón se dobla y a la hora de escanear salen brillos, con lo cual te matas 'photoshopeando' (clonando) siempre".
Rebeca nos aconsejó mirar este original de La torre de la donzella (2003) con medio ojo abierto para ver los pedazos de ilustración, refiriéndose a los espacios 'vivos' ocupados por texturas.

Esta ilustración de Kiwi (2012) supone el paso del cartón gris al papel Basic de 370 gr.
No sólo muestra un cambio notable de luminosidad, también consigue que permanezca liso y no se doble. Hasta le permite rayar las densas capas de acrílico para obtener texturas.

En No parque (2015) mezcló el efecto diluido con el efecto denso típico del acrílico. También incorporó técnica mixta como los rotuladores Posca para destacar detalles que antes hacía con un pincel de un pelo. Aún así, en su obsesión por los detalles, nos confesó que volvía a repasar encima con pincel para rebajar la estridencia de esos colores tan chillones.
Para crear el estampado de la falda, pintada con acrílico más diluido, aplicó lápiz acuarelable.
¿Cómo saber si una ilustración tiene profundidad?
De nuevo nos sugirió entrecerrar los ojos. Si vemos que el resultado es demasiado aplastado, lo habremos hecho mal porque, aunque usemos colores diferentes, estaremos trabajando con el mismo valor/luminosidad.
Una buena manera de evitarlo es distanciarse físicamente de la ilustración.

En Dimitri (2009), nos enseñó cómo cambia nuestra percepción a través del contraste, bien referenciando tamaños (GRANDE vs. pequeño) o mostrando algo muy bien hecho con algo no tan detallado. Es el caso del espacio minúsculo que hay entre el perfil de la marioneta y el público.

En este cartel usó una base de gouache (témpera) para la torre, ceras acuarelables Caran d'Ache para las manchas de color, rotuladores Posca y bolígrafos de gel para las cenefas de la serpiente y muchas capas de acrílico para la cara de la princesa ya que partía de una base muy oscura (efecto 'negro carbón')

Nos recomendó visitar la selección de 62 obras maestras que el Museo Thyssen ha cedido temporalmente al Caixafòrum de Barcelona bajo la exposición Un Thyssen nunca visto.
Arlequín con espejo, de Pablo Picasso, 1923
Destacó el interesante criterio de curaduría y el descubrimiento, en los cubistas, del negro. Es más, ha sustituido su forma de pintar (de ilustradora sentada a pintora de pie) y, lo más sorprendente, ¡se ha pasado al gouache

A pesar de que la técnica no le permite corregir y el efecto es tosco, seco y plano, está encantada con los resultados. A la vista están estos originales de gran formato (que obtiene de cortar el Basic de 50x70 cm) en los que está trabajando para Fragmenta editorial.
También ha restringido la paleta a unos pocos colores: blanco, azul, amarillo y negro (este último mezclado con una pizca de azul).

A pesar de su atrevimiento con el negro de bote, todavía se resiste a usarlo solo (demasiado intenso). En esta ilustración lo incorpora a través del grafito para crear otro plano más alejado y conseguir así, mayor profundidad.
Los cipreses del fondo son "robados" de Van Gogh.

Cuando le preguntamos por sus influencias, nos comenta que varían dependiendo del encargo y de lo que quiere encontrar.

"Cuando me llega un proyecto, trato de ver qué necesita el libro y por eso intento hacer todos diferentes"


Es partidaria de ir a buscar otras fuentes como la Pintura en vez de fijarse en lo que hacen los demás ilustradores. "Al fin y al cabo, todos nos conocemos y acabamos haciendo lo mismo, a excepción de Javier Zabala" quien le enseñó que, para dar el 'salto', hay que contar con menos. Máxima que aplicó en 25 cuentos populares de Europa que editó Siruela.

Siguiendo con las influencias, en Mishiyu (Premio Junceda 2015) Rebeca admitió haber "robado" de la pintura italiana.


El uso del gouache para manchar grandes superficies no es nuevo tal y como vimos en esta ilustración (bautizada cariñosamente como la del "oso amoroso").
Para conseguir en los árboles este efecto emborronado, difuminó el grafito y para los detalles luminosos de las ruedas y los vestidos de los porteadores, utilizó rotuladores Posca.

En cambio, en este original de Mishiyu (2014) tuvo que aplicar muchas capas para obtener la cara del niño bien luminosa ya que había manchado el fondo con tonos oscuros. Aunque en el fondo le interesaba crear una especie de "colchón".


Sea en acrílico, gouache o con toques de rotuladores Posca, es innegable que en todos sus originales manda el color, más bien un buen uso del color.

"Que el color nunca te 'gobierne' a tí. Tienes que dominarlo tú"


Da igual el reto y las injusticias editoriales, cada vez más habituales, que le pongan por delante. Tanto si pagan poco como si le proponen realizar pruebas no remuneradas (que su 'política de empresa' no le permite aceptar), nadie le va a quitar el gozo de ilustrar.

Que así sea por muchos años.


Una vez más: gracias por tanto y por todo, Rebeca.

Nota: todas las imágenes utilizadas han sido "robadas" sin previo aviso y con total premeditación y alevosía. El copyright de las mismas pertenecen a Rebeca Luciani y al estudio Calipso.

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